viernes, 25 de mayo de 2012

VALLE FÉRTIL: AGUA Y VERDE SERRANOS EN LA DESÉRTICA SAN JUAN



Los verdes cerros de Valle Fértil, con arroyos de aguas transparentes y saltos entre cantos rodados, valles con nutrida vegetación y el alegre trinar de los pájaros en los bosques son una propuesta turística excepcional en San Juan, provincia donde prevalecen áridos desiertos rojizos o grises y un clima seco de escasas precipitaciones.













Este departamento del este sanjuanino incluye en su territorio el extremo geológico de las sierras pampeanas, que lo ha dotado de un clima y una geografía distintos al resto de la provincia, con arroyos y ríos con agua todo el año y hasta el "lujo" de mantener un embalse con un lago de 16 hectáreas en San Agustín, la cabecera departamental.
Esa diferencia se nota claramente cuando se llega desde el norte, ya que tras cientos de kilómetros de desierto rojo con cerros pelados y ríos secos por las rutas de esta provincia –como la 510- o de su vecina La Rioja, en Usno -segunda localidad del departamento-, once kilómetros antes de esta ciudad, ya se comienza a percibir la humedad en el ambiente.
El calor sofocante que emana de las piedras y el suelo deja de quemar la garganta al entrar a San Agustín, con sus veredas arboladas y jardines de un verde vivo y flores, gracias al riego diario de los vecinos, que a veces lo extienden a la calle para refrescar todo el ambiente.
Si se ingresa desde el sur, el cambio es paulatino, ya que al dejar la ruta nacional 141 que atraviesa los llanos y tomar la 510 en Marayes, se entra de a poco en este paisaje al cruzar por pequeñas localidades de Valle Fértil, como Chucuma, Astica y Las Tumanas.
Por su cercanía con el Valle de la Luna -72 kilómetros-, Patrimonio Natural de la Humanidad y principal atractivo turístico de la provincia, San Agustín del Valle Fértil constituye una parada casi obligatoria para la mayoría de quienes van o vuelven a la ciudad de San Juan, a 252 kilómetros al sudoeste.
Aunque este constante flujo de visitantes genera un buen movimiento en la hotelería y la gastronomía, los responsables de Turismo local ofrecen actividades y circuitos agregados, para que San Agustín no sea sólo un lugar de paso de los turistas, sino que éstos lo tomen como un plus del gran paseo a Ischigualasto.
Una de las localidades que ofrece estos encantos particulares es La Majadita, atravesada por el río San Agustín y varios afluentes, cuyo paisaje remeda las serranías cordobesas o puntanas.
Sus cursos de agua transparente y de escasa profundidad invitan a descalzarse y remontarlos caminando sobre la gruesa y firme arena del fondo o los cantos rodados de diversos tamaños que masajean las plantas de los pies con sus formas suavizadas por el eterno correr del agua. Cardúmenes de peces diminutos huyen veloces de la presencia humana y se refugian entre las rocas.
Los ríos y arroyos, entre altos cerros en los que anidan jotes y otros rapaces que dominan el azul espacio aéreo, están bordeados de bajos barrancos rojizos o abras verdes con variadas especies de "yuyos" que los lugareños utilizan para saborizar el mate y para preparar infusiones con diversos fines, en especial curativos, aunque también aseguran que sirven para la amistad, el amor, la virilidad y ahuyentar las malas ondas.
Estos  yuyos, que se venden deshidratados en las grandes ciudades, allí crecen frescos entre flores coloridas, árboles y plantas típicas, como algarrobo, tala, berro y álamo, además de la tusca, que es muy usada para la conocida artesanía en madera de La Majadita, o la pichana, cuyas ramas son usadas como escobas.
Si bien los cactus mantienen una importante presencia, la sombra de los árboles frondosos invita a los paseantes a armar un picnic o disfrutar una siesta sobre el pasto, arrullados por el rumor del agua y el canto de los venteveos, reinas moras, teros y chingolos.
La perla de la ciudad es el lago San Agustín, que embalsa el agua del río del mismo nombre que se utiliza tanto para riego como para consumo humano –derivada por dos canales distintos- y en torno al cual la Dirección de Turismo local organiza caminatas de dos kilómetros para el avistamiento de aves y fauna en general, con guías de senderismo especializados.
Desde la pasada Semana Santa, Valle Fértil organiza, junto a autoridades de Turismo provincial, una serie de actividades entre las que se destaca un "safari fotográfico" de unos 42 kilómetros, que demanda buena parte de la jornada, con guías locales.
El circuito se hace en vehículos de los visitantes y en esa oportunidad se entregaron premios a las mejores fotos, en tanto los participantes podían dejar sus obras para el banco de imágenes del lugar.
El recorrido comienza en el Centro de Información Turística -frente a la plaza central-, recorre el valle intermontano de las sierras, pasa por La Majadita, Los Bretes y la Quebrada de Quimilo hasta llegar a la ruta 510.
En esos poblados, los turistas también pueden ver y adquirir productos regionales, desde tallados en madera, tejidos en telar, trenzados, dulces y platos de la gastronomía del lugar.
Otra actividad en preparación, también con salida desde la plaza de San Agustín, es un ascenso al cerro de La Antena, en la sierra de Valle Fértil, desde cuya cima, a 2.300 metros de altitud hay una vista panorámica de todo el valle. El cerro debe su nombre a la antena de Canal 8 instalada en su cumbre, desde donde se puede ver todo el valle intermontano y pedemontano y parte de La Rioja.-


Por Gustavo Espeche Ortiz
Publicado en la Agencia de Noticias Télam
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