lunes, 11 de marzo de 2013

LA CHAYA RIOJANA


Todo es blanco, hasta el aire, cuando la harina cubre rostros y ropas e iguala a todos en la Chaya riojana, un carnaval en el que se olvidan diferencias sociales y personales y, con una ramita de albahaca en la oreja, se festeja la llegada del Pujllay, el ancestral dios de la diversión en la provincia, con música, baile y alcohol, sin ataduras.







En estos encuentros que se replican en las tardes de carnaval en pueblos y barrios, no hay disfraces -sólo alguna que otra máscara o peluca y siempre las hojas de albahaca en la oreja-, pero sí caras cubiertas de pintura y, además, buena parte de los participantes queda irreconocible bajo la harina que vuela o es arrojada al aire o al cuerpo.
La chaya incluye los topamientos, que eran tradicionalmente encuentros entre grupos de "comadres" y "compadres", que se echaban agua perfumada y trigo unos a otros, en un amistoso enfrentamiento que en realidad era un juego de seducción que culminaba con muchos noviazgos y, en algunos casos que muchos no quieren recordar, también matrimonios.
Hoy, aunque no se descartan esos resultados, los topamientos y la chaya se asemejan a corsos, el trigo fue reemplazado por la harina, el agua de azahar por la espuma en aerosol y se le agrega el papel picado.
Últimamente también se utiliza pintura, que puede ser témpera o betún de calzado, con la que algunos cubren su rostro o se lo pintan a otros, siempre del sexo opuesto, al toparse con ellos.
Sin embargo, los más tradicionalistas rechazan la pintura, por considerar que no tiene que ver con el origen de esta festividad. Justamente, en una de las chayas que se arman en casas particulares con amplios patios o parques, su organizador Kike Álamo advirtió a los presentes desde el parlante: "Acá, cero pintura, eh... ¿qué tiene que ver la pintura con nuestra tradición? La chaya es sólo agua, harina y albahaca... ah, y vino".
Fuentes de turismo de la capital riojana informaron que para esta chaya otorgaron entre 300 y 400 permisos para armar topamientos y chayas, que son sin fines de lucro y pueden ser pequeños, casi familiares o de la cuadra, y también multitudinarios, con improvisados escenarios donde todos pueden subir a tocar y cantar.
La fiesta comienza a una hora en la que el resto del año no hay actividad porque se duerme la siesta, pero en esos días después del almuerzo comienza la música y la gente se junta a bailar, beber, empaparse y enharinarse.
A medida que uno se acerca al lugar empieza a recibir puñados de harina en la cara, el pelo o la espalda, y chorros de espuma en forma directa o que caen como copos de nieve y pronto es uno más de los chayeros teñidos de blanco que festeja en la calle.
En las chayas callejeras vale el uso de pintura y los participantes se pintan a sí mismos o la pasan por el rostro otros dejando su huella.
Para el foráneo, al principio resulta curioso cómo una actitud tan invasiva, como lo es embadurnar con harina, espuma y pintura a un desconocido no genere respuestas violentas y, al contrario, es recibida con naturalidad, indiferencia o hasta una sonrisa, y el único "desquite" es hacer lo propio con algún otro.
"Todos somos iguales", repiten los riojanos durante la chaya, y nadie queda al margen, porque bailan, cantan y se divierten hombres y mujeres, desde los más mayores hasta niños que son llevados aún en brazos o sobre los hombros y, para imitar a los grandes, arrojan sus primeros puñados de harina.
Uno de los topamientos más concurridos de la capital es el llamado "El Camión de Germán", en el barrio San Román, donde sobre un terraplén que bordea un canal -generalmente seco- se monta un escenario bajo un toldo y el sábado llegó a reunir unas 6.000 personas, según los organizadores.
La del Camión de Germán fue superada en número por la chaya de la Estación, aunque ésta debió suspenderse precisamente porque con sus 14 mil participantes sobrepasaba el número autorizado para esas reuniones.
En esas chayas hay números en vivo de distinto nivel, la música ensordece y a veces es coreada por la gente que salta, baila y se abraza, o camina entre la muchedumbre abriendo surcos que se cierran de inmediato, mientras explosiones de harina brotan constantemente de la multitud formando una densa nube que precipita lentamente.
También corre mucho alcohol, generalmente cócteles con una buena base de vino barato, de cartón, y alguna gaseosa o jugos, a la temperatura del verano riojano en el propio envase abierto o en medias botellas de gaseosas. También se ven grandes melones con una abertura en forma de estrella, por la que se le sacan las semillas y se los llena de vino u otra bebida alcohólica, para beber con una pajita y luego comer la pulpa macerada.
Un vecino contaba casi a los gritos en medio del bullicio que "la gente que chaya baila, brinda, se emborracha" y, consultado hasta cuándo, respondió que "hasta que el cuerpo no da más, hasta que dice basta y hasta que empieza a soñar con la llegada del próximo carnaval".
El Camión de Germán fue objeto de un carnavalito que lleva ese nombre, creado por el artista local Pica Juárez, que fue grabado por Sergio Galleguillo, dos de las figuras que actúan en el festival chayero que se realiza en las noches en el autódromo municipal.
Esta fiesta oficial, en la que se cobra entrada, es más un espectáculo de escenario para ver que para participar, aunque la gente no deja de arrojar harina y papel picado y seguir bebiendo como durante la tarde. En estos días, hay quienes se van a dormir al amanecer, después del festival, y se levantan al mediodía para continuar en alguna chaya callejera o particular.
El festival oficial, desde el viernes último y hasta el martes próximo reunirá a conocidos artistas folclóricos, como los nombrados y Jorge Rojas, Facundo Toro, Coplanacu, Chaqueño Palavecino y Peteco Carabajal.
La chaya tiene origen precolombino, cuando los indígenas festejaban el fin de la cosecha -se dice que como no conocían el trigo, arrojaban maíz- para agradecer a la Pachamama y desenterraban al Pujllay, que era su dios de la diversión, representado e un muñeco que hasta hoy es quemado al finalizar el carnaval.-


Por Gustavo Espeche Ortiz
Publicado en la Agencia de Noticias Télam

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